"Como décimo
trabajo se ordenó a Heracles el ir a buscar el ganado de Gerión a Eriteia. Es
esta una isla, situada en las proximidades del Océano [Atlántico], que ahora se
llama Gades ( Tartessos ¿? ), esta isla estaba habitada por Gerión, criatura
que tenía los cuerpos de tres hombres creados juntos, unidos, uno por el
vientre, y divididos en tres desde los costados y los muslos. Era propietario
de un rojo rebaño [de bueyes]. Euritión era su pastor y su perro guardián,
Orto, de dos cabezas,.... Viajando a través de Europa para buscar el rebaño de
Gerión, Heracles mató muchas bestias salvajes. Se fue a Libia, (Africa), y al
pasar por [el estrecho de] Tartessos levantó las dos columnas, una a cada lado,
en los límites de Europa y de África, como monumento de su viaje. A lo largo de
su viaje fue abrasado por el sol y él dobló su arco contra él. El sol, admirado
de su atrevimiento, le dio una copa de oro, con la que atravesaría el Océano.
Llegó a Eriteia y se hospedó en el monte Abas. El perro [Orto] lo divisó y se
precipitó sobre él, pero le golpeó con su maza. Cuando el pastor vino a salvar
al perro [Orto], Heracles lo mató también. [El pastor] Menetes, que pastoreaba
el rebaño de Hades en aquel lugar, le contó a Gerión lo sucedido. Gerión
sorprendió a Heracles al lado del río Antemo, en el preciso momento de llevarse
el rebaño. Luchó con él y éste le mató con una flecha envenenada. Heracles
embarcó el rebaño en la copa, atravesó el mar hacia [el estrecho de] Tartessos
y devolvió la copa al Sol".
En concreto los
tres últimos trabajos citados se refieren como sucedidos en el ámbito de
Andalucía que se correspondía en la antigüedad a la región de Tartessos.
Interpretaciones del Mito.
¿Qué se esconde
tras el mito? Narra las hazañas de un valiente caudillo colonizador proveniente
del cercano Oriente, navegante, conquistador y guerrero, que consiguió dominar
a un pueblos de pastores (Gerión), que se apoderó del monopolio comercial del
valle del Guadalquivir y que salió en busca de fuentes de aprovisionamiento de
oro (las manzanas de las Hespérides).
El décimo
trabajo de Hércules consistía entonces en trasladarse a la región del estrecho
de Gibraltar, que era considerada por los griegos como el fin del mundo, más
allá del cual se extendía el gran océano y el reino de los muertos. Sabemos por
tanto que, si las tierras colindantes a Eriteia era el Hades, El Reino de los
Muertos (griego) estaba en nuestras tierras andaluzas. Allí reinaba el gigante
Gerión, dotado de tres cabezas y de una fuerza enorme al que debería robar su
ganado.
Gerión aparece
en las leyendas míticas como un monarca muy rico, propietario de una numerosa
ganadería bovina que estaba custodiada por el pastor Euritión y su fiero perro
Ortro; que era hijo de Crisaor (el de la espada de oro) y de Calirroe, hija de
Océano, que pasta sus rebaños de bueyes rojos en los ricos pastos de la isla
Eriteia, que algunos identifican con la isla donde estaba la antigua Gades,
junto a los manantiales inagotables de raíces argénteas, del río Tartesos.
El historiador y arqueólogo alemán Adolf Schulten, gran conocedor de la
mitología griega, identifica a Gerión con el dios del río tartesos y a sus tres
cabezas con los tres brazos que formaban el río en su desembocadura.
Dice el escritor romano
Justino, en la misma narración del mito de Gárgoris y Habis, que en realidad
Gerión “no era tríplice por naturaleza como dice la
fábula, sino que existieron tres
hermanos de tanta concordia entre sí que parecía que todos estaban regidos por
una sola alma, y que no hicieron la guerra por propia iniciativa a Hércules
sino que, al ver que les había robado el ganado, recobraron lo robado mediante
una guerra.”
En el mito,
Hércules termina matando a Gerión y robándole el ganado que traslada a Micenas.
Si hubiera que llevar el mito griego a una época real, esta podría ser durante
el siglo XIII a. d. C. en plena civilización micénica. Hemos de recordar que
los micénicos son los que acaban con la civilización minoica-cretense en la que
el toro era sagrado. El mito podría ser el reflejo de esa imposición de los
primitivos griegos sobre la cultura minoica pero trasladada al escenario
tartésico donde también existía el culto al toro.
Pero también podríamos pensar que existiría el mito tartésico de un rey con
esas características y que los griegos aprovechan ese mito para ubicar en el
lejano occidente uno de los trabajos de su héroe.
(http://institutoalmenara.blogspot.com.es/2014/02/gerion.html)
Podríamos interpretar que Gerión, que representa una etapa del imperio
tartésico, estaría entroncado por un lado con la cultura metalúrgica del
sudeste peninsular, conocida como El Algar, y que en el mito estaría
representada por su padre Crisaor que significa “la espada de oro”, en una
posible alusión a la riqueza metalúrgica en general y, en particular, al tipo
de espada argárica con incrustaciones de oro en la empuñadura. Por otro lado el
mito entronca a Gerión, a través de su madre, nieta de Océano, con las culturas
megalíticas del atlántico andaluz y del sur portugués. Esta nueva etapa del imperio tartésico que representaría la dinastía de Gerión tendría como epicentro el bajo Guadalquivir, rico en ganadería, reforzada su riqueza con los posibles nuevos descubrimientos de metales en la zona de Huelva.
Es en esta nueva
zona, la del bajo Guadalquivir, donde se va conformando a finales del segundo
milenio a. d. C. una rica sociedad capaz de atraer hasta sus costas a los
grandes navegantes del momento (los fenicios) desde las costas occidentales de
Asia. Es así como podríamos interpretar una de las referencias que se hacen al
mito de Gerión, la recogida por el escritor romano Justino, que después de
relatar el mito de Gárgoris y Habis, continúa diciendo: “En
otra parte de Hispania formada por islas hubo un reino en poder de Gerión. En
ella hay tanta abundancia de pasto que los ganados reventarían si la gordura no
fuera interrumpida por la abstinencia. Esta es la causa de que los rebaños de
Gerión, en aquellos tiempos la única riqueza, tuvieran tal fama que tentaron a
Hércules desde Asia por la magnitud del botín”.
Posiblemente,
este Hércules que vino de Asia tentado por el gran botín tartésico, también
puede que no fuera el Heracles griego, sino su inspirador, el Melkart fenicio,
adorado en Cádiz hasta la época romana como Hércules.


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